¿Usted por quién vota?

Actualizado: 22 feb


Junto con las recientes nominaciones a los premios Óscar a lo mejor del cine estadunidense, nos enteramos de que la academia encargada de designar a los ganadores acaba de crear una nueva categoría: la mejor película designada por los espectadores, quienes podrán votar mediante la red social de Twitter para determinar al merecedor de este premio.

Cuando hablamos, anteriormente, de las reglas del mercado, comentamos que Amazon instruía a los escritores que se autopublican en esa plataforma sobre la manera en que deberían escribir sus párrafos para obtener un determinado tipo de lector y con ello vender más. El paso que dan en Hollywood va en la misma dirección, algo nada raro, pues precisamente ahí se industrializó la creación de figuras públicas, de estrellas cinematográficas, que, por supuesto, siempre ha tenido como guía fundamental la opinión del público o el favor del público, como algunos dicen.

La nueva categoría en los premios Óscar nace, probablemente, para dar voz a quienes han considerado que hasta ahora esos premios han respondido sólo a la opinión de una élite casi anónima. Una de las consecuencias de esa decisión será que de aquí en adelante se podrá comparar cuál fue la elección más acertada respecto a la mejor película del año, la de los académicos o la del público que votará de manera libre, como ocurre en una democracia o casi. Los espectadores tendrán, por fin, la posibilidad de expresarse y determinar a un ganador.

Caemos aquí en una disyuntiva muy antigua: la excelencia de una obra literaria, por ejemplo, es determinada porque tiene un gran número de lectores o por la decisión de un grupo de especialistas. O, dicho de otra manera, el autor de una novela prefiere ser muy leído o saberse el creador de una obra maestra. Antes de caer en una discusión bizantina, creo que es mejor apelar al sentido común y aceptar que no somos perfectos. La élite académica comete errores de apreciación, los ha cometido muchas veces, pero también lo hacen los lectores. El tiempo nos hace ver, con mucha claridad, que quienes estaban en el centro de la atención hace décadas, ahora no son siquiera recordados.

Pero, tal vez, la pregunta más interesante en este momento es: ¿los lectores saben siempre lo que es bueno para ellos? Aunque la expresión anterior parece matriarcal o paternalista, también es una manera de recordar que quizá el máximo placer de la lectura es el descubrimiento, la sensación de encontrarnos ante lo que tal vez nunca habríamos sido capaces de imaginar. Por eso, cuando recorremos con la vista la mesa de novedades de una librería nos sentimos realmente emocionados cuando encontramos algo que cambia nuestro punto de vista, que sacude nuestra forma de pensar. A esa sensación es a la que nos referimos cuando decimos que debemos leer por placer.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, pues las editoriales requieren vender y para ello cuentan con una de las estrategias más utilizadas por la mercadotecnia que es la de uniformar. Es decir, de acuerdo con la propaganda, cada libro que se promueve será un hallazgo para quien lo compre y lo lea. Es muy fácil para el lector aceptar esa propaganda, pero también lo es saber dejarse guiar por su propio instinto, por su propia capacidad de asombro que le permite encontrarse con las obras que de verdad le aportarán descubrimientos fabulosos.

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